Polizón alado a bordo



Imagen: Emma Mora - piquero en proa, en la travesía Galápagos-Marquesas

Es bastante frecuente en travesías de cierta duración, donde dejamos de ver la costa por unas horas, ser "abordados" por algún pájaro que, por causas desconocidas, vuela alrededor del barco hasta posarse en cubierta. Lo más usual es en algún lugar lo más alejado de nuestra presencia y adecuado para sus patas, por ejemplo, los balcones de proa y popa, o en algún cable de los que aguantan el palo, normalmente los obenques. También en alguna ocasión entran directamente al interior del barco.
Si es un ave de tamaño pequeño, suelen llegar extenuadas y lo más aconsejable es no interferir en su comportamiento aunque si ha entrado al interior de la cabina, podemos, con mucho cuidado, dejarlo por unas horas en un lugar oscuro y tranquilo, una caja pequeña, hasta que el animal se recupere un poco y luego dejarlo ir libre de nuevo. También se le puede dar agua mojando un dedo y dejando caer una gota sobre el pico mientras lo sujetamos suavemente con la otra mano.
Si un pájaro aborda un barco puede ser un signo de debilidad ya que algunos mueren durante su breve estancia a bordo.

Los de mayor tamaño suelen retomar el vuelo y en largas travesías oceánicas pueden ser nuestros compañeros durante varias jornadas de navegación, pasando horas posados en el barco y a ratos realizando largos vuelos alrededor de la embarcación mientras esta se desplaza a vela. Son una agradable compañía y distracción, por eso, después de varias jornadas navegando juntos, cuando deciden seguir su ruta sobre el océano y desaparecen en el horizonte para no volver, encontramos a faltar su presencia durante varios días.

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