martes, 28 de febrero de 2012

Navegación nocturna

El reflejo de la luna sobre el mar


Siempre que es posible prefiero navegar y/o llegar a mi destino, con luz diurna. Todo es más fácil bajo el sol, aunque sea la luz tenue de un atardecer o amanecer, para hacer maniobras en cubierta o recalar en un puerto, una cala, un fondeadero, etc.  Pero también puede ser inolvidable navegar bajo una brillante luna llena que deja un reflejo plateado sobre el mar y que cautiva la atención con su presencia. O en una noche de luna nueva, poder contemplar, diminutos, el firmamento estrellado sobre nuestra cabeza.

Navegar de noche por primera vez es una experiencia que puede intimidar un poco y añado que luego, también.  Las cosas que nos rodean se ven distorsionadas, la costa sólo difuminada, los barcos que pasan también son sólo diminutos puntos luminosos que se desplazan rápidamente y a los que hay atentos para reconocer su rumbo y maniobrar en consecuencia. La mar está oscura, negra y muestra su cara poco amigable. Sólo se puede intuir ocasionalmente la espuma de las olas o de la visita puntual de algún delfín.
Navegar en verano de noche, después de todo un día de estar en cubierta, incluso estando bajo un toldo para protegernos del sol, se agradece. Con una simple camiseta y poco más ya iremos preparados para pasar la noche confortablemente en cubierta.
En cambio navegar en invierno, con frío y cuando las noches son largas, es muy diferente. Hay que ir bien abrigado por este orden: ropa interior, ropa de abrigo y traje de aguas lo más transpirable posible (las famosas tres capas). Si no hay rociones, podemos llevar una chaqueta de las que paran el viento, un pantalón que abrigue además de guantes, gorro y un calzado que transpire y a la vez abrigue.

Si hemos de hacer guardias se agradece tener a mano un pequeño reproductor mp3 con radio para poder oír música o noticias. De esta manera se hace más distraído el paso de las horas. Unas galletas integrales, unos frutos secos y un termo con te o infusión caliente son ideales para caldear por "dentro". Una manta pequeña para cubrir las piernas también ayuda bastante. Una linterna frontal en el bolsillo nos permite tener luz para ver el compás, los controles del motor o buscar algo.

Si no hay mucho tráfico marítimo podemos estar en el interior del barco y salir de vez en cuando a dar un vistazo pero esto sólo ocurre en travesías oceánicas fuera de nuestras fronteras. Una capota antirociones es ideal aunque no los haya porque impide que nos llegue el viento y nos protege de la humedad de la noche. Si hay rociones, entonces es imprescindible .

Por seguridad, hay que llevar un arnés para realizar maniobras e incluso para estar pasar las horas en la bañera* del barco, aunque haga buena mar.


El sol aparece sobre el horizonte




*Nota: La bañera en un velero es la zona de cubierta abierta pero protegida, tiene bancos a ambos lados para sentarse la tripulación y suele estar ubicada la rueda o caña del timón.




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